Los pedidos en un cuaderno. El stock en una planilla que solo entiendes tú. El informe que armas todos los lunes. Las inscripciones por WhatsApp y los pagos anotados aparte. Eso se puede convertir en un sistema tuyo — hecho para cómo funciona tu negocio, no un programa genérico al que tienes que amoldarte.
Lo construyo con inteligencia artificial, y por eso puedo cobrar lo que cobro y entregar en semanas en vez de meses. Y lo construyo yo: hablas conmigo, no con un ejecutivo de cuentas que después le explica tu problema a otra persona.
Soy Gina Strauss. Tengo mis propios negocios andando, y los sistemas con los que los muevo me los hice yo. Los uso todos los días: por eso sé cuál es la diferencia entre un software que se ve bonito en la demo y uno que aguanta un día de trabajo real.
No son maquetas ni pruebas: son sistemas que alguien abre todos los días para trabajar. No pongo los nombres — cuando un sistema lleva la plata y los datos de un negocio, eso no se anda contando. Pero esto es exactamente lo que hacen.
Antes: pedidos por WhatsApp anotados en un cuaderno, el stock repartido en tres lugares distintos sin saber bien qué había en cada uno, y las compras a proveedores tipeadas a mano en una planilla.
Antes: cada mañana había que entrar a cinco sistemas distintos para saber cómo iba el negocio, y nadie sabía con certeza qué había que reponer en cada local.
Antes: formularios en papel y PDF, las fichas de cada niño en carpetas, y el control de quién pagó y quién no en una planilla compartida.
Antes: entrar todos los días al panel de Amazon a revisar campañas una por una, sin tiempo para mirarlas todas, pagando por búsquedas que nunca vendieron nada y sin darse cuenta de los plazos que se estaban pasando.
El sitio del taller es el ejemplo que sí puedes abrir entero. Detrás de lo que estás mirando hay: inscripción con pago en línea, una cuenta con clave para cada alumno, correos que salen solos en cada paso, un panel para administrar todo y un asistente que responde las dudas de quien visita el sitio. Todo eso lo hice yo, y es el mismo trabajo que hago para un cliente.
Si necesitas hablar con alguien que ya trabajó conmigo antes de decidir, pídemelo y lo coordino.
La pregunta correcta no es "¿haces páginas o haces sistemas?". Es qué te está costando tiempo o plata hoy. Casi siempre cae en alguna de estas.
Los precios de verdad, para que sepas si conversamos o no. El valor final sale de la propuesta, después de que me cuentes lo tuyo — pero de estos rangos no me muevo mucho.
Para estar online ya. Sin catálogo, sin pagos, sin secciones que se administran solas — eso es el tramo de al lado.
Se paga en tres partes: un tercio para empezar, un tercio cuando ves la primera versión andando y un tercio al entregar. Todo con boleta.
Después de entregar, tú eliges. Puedes quedarte con el sistema tal como está —es tuyo y sigue funcionando sin pagarme nada más— o tomar un plan mensual para que yo lo siga mejorando, atienda lo que se rompa y agregue lo que vaya haciendo falta. El plan mensual se cotiza según el sistema, y se puede cortar cuando quieras.
Prefiero que llegues sabiendo esto a que llegues esperando otra cosa.
Escribe con tus palabras qué es lo que te está costando tiempo o plata. Te respondo yo, normalmente el mismo día. La primera conversación no se cobra y no compromete a nada.
Varios de los sistemas que ya construí están disponibles listos para usar, con un plan mensual: reportes de ventas, publicaciones y correos automáticos, inscripciones y pagos, producción e inventario. Los dejo andando con tus datos en días.
Hago un taller presencial de una tarde donde te enseño la misma herramienta con la que construyo todo esto. Llegas con tu idea o tu problema, y te vas con algo tuyo publicado y andando en internet.